Los obispos españoles apuntan y... disparan

La Iglesia española ha emitido hoy su "Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008". El encargado de dar la cara, Juan Antonio Martínez Camino (en la imagen).
Hago un clásico "copio y pego" de El País:
- "En España, en estos momentos, hay varias leyes que son gravisimamente injustas y deben ser cambiadas porque lesionan derechos fundamentales" (...) que esas leyes, por alejarse de la "recta razón" y de la dimensión moral de la sociedad, "degeneran sin remedio en dictadura, discriminación y desorden", y conducen a una sociedad "desvertebrada, literalmente desorientada, fácil víctima de la manipulación, de la corrupción y del autoritarismo".
- Martínez Camino ha ironizado sobre el mal menor y el mal mayor, cuando se le ha puesto sobre la mesa las siglas del PP y del PSOE. Ha dicho: "¿El voto por el mal menor? Pues sí. O el voto por el bien mayor, que es la otra cara de la misma moneda. Del voto moral y responsable depende la democracia. No hay democracia sin moral".
- Los católicos, ha reiterado, "y todos los que deseen escuchar" a los obispos deben acudir a votar a partidos y programas "compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana" (...) los votantes "para actuar responsablemente" deben tener en cuenta "el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida" porque, se añade, "la aconfesionalidad del Estado no se debe confundir con la desvinculación moral".
- "Hay que evitar los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas."
- En la conferencia de prensa, el obispo ha llegado a decir que las palabras esposo y esposa, o marido y mujer son "poesía" para el Gobierno socialista porque las ha suprimido el Código Civil al legislar sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Fin del copy & paste.
Bien. Líbreme Dios de ser yo quien diga alguna vez que una persona u organización de cualquier tipo no pueda expresar libremente (si es también pacíficamente) su opinión.
Sea la que sea.
Por mucho que me joda lo que tenga que oir.
Aunque me provoque arcadas.
Y no lo haré con los obispos: que piensen y digan lo que quieran. Faltaría plus. Pero nadie puede evitar que considere que han perdido una ocasión maravillosa, una vez más, de estarse callados.
(Por cierto, algunos que han estado silenciados durante cuatro décadas, parecen haber olvidado la sensación... y se dedican ahora a callar a otros... vía ilegalización...)







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